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Visita guiada por la Magdalena de los vecinos y vecinas para su barrio. Documental colectivo. MIE

El pasado día 9 de julio fue un día para recordar, un día que todos los vecinos y vecinas que se acercaron a la visita guiada que realizamos por el barrio de La Magdalena, no olvidarán, y que por supuesto, yo no olvidaré, ni el equipo que está ayudándome con el documental. Organizamos una visita guiada por el barrio realizada por los vecinos y vecinas del mismo y a la visita acudieron más de 120 personas, para sorpresa mía y del resto del mini equipo del documental. Algo tan pequeño, y modesto, consiguiendo algo tan grande, movilizar a tanta gente, en un pequeño barrio de Zaragoza. Esto me recordó a la frase de Eduardo Galeano: "Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Eso solo puede significar una cosa, que lo que hacemos interesa, gusta y que probablemente sea útil.

Cuando comenzamos a hacer este documental, vimos que mucha de la gente que acudía a las reuniones, era gente mayor que había vivido en el barrio, que tenía muchos recuerdos de cómo era el barrio antes, en su infancia, recuerdos de sus fiestas, de los comercios de aquel entonces, de temas históricos, de la guerra civil, de la guerra de la independencia…
Y como ya hemos explicado en artículos anteriores, al ser un documental colectivo, hecho desde el periodismo comunitario, todos los temas están sugeridos por los vecinos y vecinas del barrio, que vinieron a las reuniones que tuvimos en La Vía Láctea y en el Consejo de la Juventud, y que sirva este artículo para agradecerles su colaboración.

Se me ocurrió que todos estos recuerdos de los que no teníamos imágenes o fotos, tenían que tener una parte visual. Yo tengo particular recelo a los documentales donde sientan gente en una silla y que sean bustos hablantes. Me parece que si estamos haciendo un producto audiovisual, debe ser eso, audio y visual, y en los casos en los que podamos huir de la típica entrevista sentados, para mi es mejor, pero esto es un defecto o gusto mío profesional.
Por ese motivo se me ocurrió que para hacer de esos recuerdos algo visual, podíamos visitar esos lugares de los que ellos hablaban y de paso contar toda esa historia al barrio y a todas las personas de la ciudad que quisieran acercarse. Evidentemente muchos de los lugares de los que nos hablaban, no existen ya, pero si existían los recuerdos y los emplazamientos donde esos acontecimientos tuvieron lugar. Por ejemplo, la antigua Universidad de Zaragoza, restos de cañonazos de la Guerra de la Independencia en el barrio, etc. Y de ahí surgió mi idea de hacer de eso, una visita guiada, de los vecinos para sus vecinos rememorando esa historia.

 


Alegría por haber generado un evento en paralelo al documental, y que además esta incluido en el mismo, que ha interesado tantísimo. Lo que nos debe llevar a una reflexión. Que las pequeñas historias de los barrios, de las gentes de “a pie” interesan. Desde luego, el interés y la respuesta de la ciudadanía fue contundente. Además es necesario compartir nuestras historias, por muy pequeñas que puedan ser, ya que eso, hace que nos sintamos más cercanos a nuestro entorno, que nos comuniquemos más, que nos entendamos más, que es en definitiva el objetivo de este documental de periodismo comunitario. Objetivo más que conseguido y además muy valorado por la gente que se nos acercó en este evento a comentarlo.

Y por otra parte, una reflexión propia, es que conseguimos algo muy bonito que fue posterior a la visita. Un grupo de unos 30 vecinos se quedaron charlando, rememorando viejos tiempos de su infancia, de su adolescencia, muchos se reencontraron en esta visita después de veinte años, que sí, que veinte años no es nada, pero sí lo es. Y esa fue la magia de ese día, ver cómo la gente después de la visita generaba conversaciones, lazos, encuentros…Incluso llegamos a reunir a una antigua pareja que se reencontraron después de 30 años, y que por supuesto, grabamos su pequeña historia para el documental.

 

 

Es difícil describir todas las sensaciones que vivimos aquel día o que vivieron todas las personas que se acercaron hasta allí. Fue un día para recordar, para contarnos, y reencontrarnos con nosotros, con el barrio, con la Magdalena y con las pequeñas historias de la calle.

Espero que esto sirva para que pongamos la atención en las historias de nuestro alrededor, las historias cotidianas e increíbles que están más cerca de lo que creemos, que pueden ser nuestros vecinos y vecinas.  Hay una historia en cada casa, en cada calle, en cada barrio seguro por conocer... Así que merece mucho la pena escucharlas para aprender de nuestro entorno.

 

 

Hay un mundo ahí fuera esperando a ser descubierto, sólo hace falta ser inquieto, curioso, tener la mente abierta, no juzgar sin conocer y tener ganas de aprender. Y no hace falta irse muy lejos para ello.
Vamos a salir a descubrir mundo, empezando por nuestros barrios!!!