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Tejiendo redes desde el feminismo

Los grupos de autoconciencia feminista impulsados por el “feminismo radical” a finales de los sesenta, son entendidos como una nueva forma de actuación y participación política.  Estos impulsaban el encuentro entre mujeres y para mujeres, en un proceso de autoconciencia en el que se distinguían cuatro fases: abrir los sentimientos individuales hacia las demás integrantes del grupo, compartir las experiencias, analizarlas y abstraer y elaborar la teoría. Este es el primer ejemplo que nos encontramos de grupos de mujeres que se unen desde una perspectiva feminista, para poner sus problemas derivados del patriarcado en común y, así, realizar acciones para terminar con el mismo.

Sumado a esto, el del 24 de octubre de 1975 en Islandia, el 90% de las mujeres del país no asistió a trabajar para salir a manifestarse por la igualdad de género. El evento se conoce como “El Día Libre de las Mujeres” y fue un hito en ese país. Más de 25.000 mujeres salieron a las calles de Reikiavik. Paralizaron el país por completo, los bancos, escuelas y tiendas tuvieron que cerrar. En lugar de ir a la oficina, dedicarse a las labores del hogar o a cuidar de sus hijas/os, tomaron las calles de Islandia para manifestarse por la igualdad de género. Este evento, cambió la percepción sobre las mujeres en el país y ayudó a situarlo a la vanguardia de la lucha feminista. Pero, ¿cómo lograron realizarlo? A través de grupos de mujeres, poniendo en el centro del debate la visibilización de las actividades para el mantenimiento de la vida y la salud, es decir, los cuidados. Llegados a este punto, podríamos decir que es el primer ejemplo de constitución de redes de cuidados feministas a través de grupos de mujeres que se unen con una problemática común.

Posteriormente, si ahora descendemos al ámbito nacional, el 8 de Marzo del 2017,  “Día Internacional de las Mujeres”, las organizaciones feministas de diferentes partes del mundo nos unimos y formamos red a partir del fenómeno viral #NiUnaMenos y  #VivasNosQueremos. Es decir, nos juntamos a través de estos hashtag para decir bien alto que nos están matando, para denunciar el desigual reparto en el empleo, en los trabajos de cuidados, en el acceso a la riqueza, etc.  En este sentido, podemos afirmar que este es otro ejemplo claro de redes de cuidados entre colectivos feministas en contra de las diferentes violencias machistas.

Así, desde esta breve mirada histórica, las redes de mujeres a través de prácticas feministas, sirven para crear nuevas experiencias sociales a partir de la confrontación al sistema patriarcal establecido, como ya mencioné en el anterior post. En este sentido, podemos afirmar que  una red de cuidados feminista puede proporcionar el apoyo necesario para ayudar a las mujeres a superar una situación problemática y generar un cambio social.

Si ahora descendemos al ámbito local, como es el caso de Zaragoza, vemos como están surgiendo nuevas iniciativas lideradas por mujeres que luchan por salir de situaciones caracterizadas por la precariedad, vulnerabilidad y la violencia,  algunos de los referentes podrían ser la Asociación Somos+, formada por mujeres sobrevivientes a la violencia machista propiciada por sus parejas y el Colectivo Trabajadoras del Hogar Zaragoza,  que al igual que Las Kellys (las que limpian: Asociación Española de Camareras de Piso), luchan por el reconocimiento de la aportación del trabajo doméstico a la economía y equiparar los derechos de las trabajadoras a los del régimen general de la Seguridad Social, esto es una tarea básica y posible para conseguir la igualdad de género en el mundo laboral.

 

Desde esta perspectiva, el próximo taller que se realizará el 7 de junio en La Azucarera/Zaragoza Activa, pretende ser un espacio privilegiado de comunicación, intercambio y de aprendizaje común entre diferentes colectivos de mujeres. Precisamente, lo que pretende es sacar a la luz, desde una perspectiva feminista,  todos estos procesos de transformación social realizados por mujeres para poder generar redes y alianzas entre las mismas. Para finalizar, otro ejemplo claro, de cómo desde la cotidianidad, las mujeres seguimos  construyendo redes:

El papel de las mujeres, quienes tradicionalmente han asumido los trabajos de cuidados, es crucial como motor de cambio en los espacios hiperlocales, y no está reconocido. Es en esos microespacios que ellas protagonizan donde se generan relaciones más igualitarias desde las situaciones que propician la vida cotidiana. Desde ese lugar común e informal del “mamá ¿se puede venir Jasmine a hacer los deberes a casa?”, se abre una puerta que acabará repercutiendo beneficiosamente en el resto de la sociedad. Porque la cotidianidad, desde lo relacional, ofrece un marco para trabajar y superar discriminaciones y exclusiones en el terreno urbano. ( “Cuidados para unas ciudades en común”, Gema Valencia, Pikara Magazine, 7 de abril,2017)

Enlaces de interés:

Somos+: @asociacionsomosmas

Trabajadoras del Hogar Zaragoza: @trabajadorasdelhogarzaragoza

Las Kellys: https://laskellys.wordpress.com/

Gema Valencia: “Cuidados para unas ciudades en común”. Pikara Magazine, 7 de abril, 2017. http://www.pikaramagazine.com/2017/04/cuidados-unas-ciudades-comun

@cuidadoszgz